1. La división laboral empieza por la asignación natural del ser humano hacia la actividad que se le hacía más fácil. Por un tema de eficiencia, claro. Por un lado, el hombre pasa a encargarse de las actividades de mayor exigencia física (como la caza y la guerra), gracias a (o por culpa de) su mayor fuerza biológica, en comparación con la mujer. Por otro lado, la mujer se enfoca en tener hijos y criarlos.

    Por esto, se funda el concepto de la superioridad del hombre- la idea de que gracias a su “mayor eficiencia” para mantener la comunidad en pie (proveen la comida y la seguridad), accede automáticamente a una mayor cantidad de privilegios que la mujer. Se transfiere la idea de la superioridad de fuerza física a todos y cada uno de los ámbitos de la vida humana (como el intelecto- él tiene derecho a estudiar, ella no).

    Esto, sumado al paso del tiempo, pasa a generar los “roles” del macho-alfa y la mujer sometida. Los estereotipos que son reforzados por ambos lados de la historia, y la sociedad en general. El azul es para él, y el rosado para ella. Él no puede criar hijos, ella lo hace a gusto. Él trabaja porque es su naturaleza, ella prefiere el hogar. A él le interesa el deporte, a ella la moda. Él solo piensa en lo práctico (sexo), ella en lo emocional.

    Sin embargo, ahora que ya ocurrió la revolución industrial. Ahora que la fuerza física es llevada a cabo por máquinas y no por hombres. Ahora que lo que importa para salir adelante es el intelecto y no la fuerza. No es ahora tiempo de descartar estos “roles” que pertenecen a otra época? No es ahora tiempo de darse cuenta de que la mente del ser humano va más allá del cuerpo que alguna vez “lo definió”? Él puede amar el rosado, y ella puede estar obsesionada con las máquinas. Siempre ha sido así, solo que antes no había tiempo para enfocarnos en nuestros gustos.

    Elmo