“Les ha pasado algo violento a las que trabajan acá?” Le pregunté a Jenni*. Parecía una pregunta apropiada, pero no dejaba de ser incómoda, dado a que recién había terminado de explicarnos cómo los hombres ricos le pagan a ella y a las otras trabajadoras para tener sexo en la sala de atrás. Se detuvo a pensar por un segundo, y después sus ojos se agrandaron y pareció emocionarse, “Hay historias sobre algunos de los otros cafés.” “Historias de hombres siendo violentos con las trabajadores?”, pregunté nuevamente, “No, historias de fantasmas!”
Jenni nos contó sobre un café con piernas en el cual había trabajado hace un par de meses que está embrujado por una ex-trabajadora que fue asesinada por uno de sus clientes. El asesinato ocurrió hace muchos años, y el edificio ha sido transformado desde entonces. Primero fue un ciber café, para luego volver a ser modificado en un café con piernas. Me explicó las cosas extrañas que suceden alrededor del edificio; historias de puertas que se cierran misteriosamente, música que se prende y se apaga, y tacones que se escuchan en el piso de arriba. Sin embargo, lo más notable sobre la historia de fantasmas es que la mujer no fue asesinada dentro del café, sino que cuando salió con un hombre. Cuando salió del café. Cuando salió al exterior. Las mujeres son acechadas por el fantasma de una ex-trabajadora que osó salir al exterior. Su espíritu volvió al nuevo café en forma de una advertencia para las actuales trabajadores. Una advertencia sobre los peligros de llevar su trabajo al exterior.
La historia hable sobre el papel que juegan los café con piernas en Santiago, sobre su simbolismo. Jenni enfatizó constantemente el peligro que significa trabajar en la industria del sexo fuera de un café. Porque los cafés tienen “jefes”, que aunque se quedan con parte del dinero que ganan las mujeres, (aún en el caso que tengan sexo con sus clientes), ofrencen algún grado de protección frente la violencia de la calle. El hecho de que los cafés con piernas estén tan normalizados en el diseño de Santiago Centro, al punto de estar dispersos entre librerías y restaurantes, habla sobre un cierto poder que tienen los hombres sobre las mujeres en la sociedad chilena- el poder que tienen de simplemente entrar a un café durante el recreo de almuerzo y obtener un baile erótico por solo $4. Sin embargo, la existencia de los cafés, no solo habla del poder que tienen los hombres de explotar a trabajadoras de la industria del sexo pertenecientes a una clase social más baja y que generalmente son imigrantes cobijadas bajo la “seguridad” de un café con piernas. Sino que también habla del peligro que enfrentan todas las mujeres que osan salir en público en Santiago. Los cafés con piernas han sido normalizados en Santiago porque una mentalidad machista que ha etiquetado a las mujeres como comodidades ha sido normalizada en Santiago. Una mentalidad que indudablemente contribuye directamente a los peligros significativamente mayores de trabajar afuera de un café. De hecho, no son solo los trabajadores de la industria sexual quienes se enfrentan a la violencia y objetivización de las calles, son todas las mujeres. Ninguna mujer en Santiago tiene el derecho de estar en el exterior por sí sola, y si se atreve a estarlo, está sujeta a abusos sexuales, silbidos, gritos, violencia, asaltos, miradas perturbantes, toqueteos, violación, asesinato, etc… Santiago de Chile es un reino del hombre.
Las trabajadoras dentro de un café han sido confinadas a estos espacios porque efectivamente son la opción más segura dentro de una industria fundada por hombres machistas y calientes que tienen dinero. Los cafés existen como un recuerdo permanente de la normalización que ha adquirido el uso del cuerpo femenino como una comodidad además del peligro constante al que se enfrentan todas las mujeres que se aventuran a salir por la esfera pública santiaguina. No están dispersos por el Centro sin fundamento alguno, sino que muy por el contrario, están posicionados muy conscientemente, para recordar, entre otras cosas, que la mujer no pertenece afuera.
*El nombre ha sido cambiado.
Francis